
El agua no tiene huesos
septiembre 4, 2024
Las grietas que no avisan
junio 9, 2025Humedad oculta en muros antiguos
Las humedades en edificios históricos no siempre se presentan de forma evidente. A menudo, los signos más visibles —como manchas, desconchones o moho— son solo la punta del iceberg. Detrás de una pintura abombada o un ligero cambio de tono en la pared puede esconderse una patología mucho más compleja y dañina: la humedad interna, progresiva y oculta.
En construcciones antiguas, donde los muros son de fábrica mixta (piedra, ladrillo, tapial o barro), la humedad no se comporta como en edificaciones modernas. El agua encuentra múltiples caminos por los que desplazarse: juntas degradadas, materiales disgregados o incluso restos orgánicos incorporados en antiguas técnicas de construcción. Estas vías de penetración permiten que la humedad quede retenida en el núcleo del muro durante largos periodos, sin que sea perceptible desde el exterior.
Uno de los efectos más comunes es la cristalización de sales solubles, fenómeno conocido como eflorescencia. Estas sales, arrastradas por la humedad desde el terreno o desde materiales incompatibles entre sí, se depositan en la superficie y generan presión interna, provocando desconchados, fisuras o pérdida del revestimiento. En algunos casos, también se detectan daños en elementos de madera empotrados en muros, que al estar en contacto con la humedad constante, desarrollan podredumbre o infestaciones de insectos xilófagos.
La complejidad de estas patologías radica en su diagnóstico. No basta con reparar lo visible. Es necesario realizar catas, mediciones higrotérmicas y un seguimiento temporal para comprender la dinámica de la humedad en el muro. Solo así se puede diseñar una intervención eficaz, que combine barreras físicas, ventilación controlada, drenajes o inyecciones hidrófugas, según el caso.
El verdadero reto de estas patologías no es solo eliminarlas, sino hacerlo respetando los materiales y sistemas constructivos originales, evitando soluciones que, aunque eficaces en obra nueva, puedan ser perjudiciales en edificios históricos. Porque en la restauración patrimonial, curar no es suficiente: hay que sanar sin borrar el pasado.





